CAPÍTULO XXIII: Lo que el viento no se llevó

Imagen: Leclerc-Briant ‘Abyss’ Brut Zero

*Música durante la lectura (para sentir mejor el ambiente de este capítulo os recomiendo esta canción de fondo)

El restaurante empezó a vaciarse, mientras yo seguía sentada a solas con mi segundo cóctel, esperando a que Sommer entrara por aquella puerta que poco a poco despedía a los comensales. Intenté localizarlo por una última vez, sin éxito, y me uní a ese grupo de personas que abandonaba el local.

Atravesando la calle de Alcalá, volví a repasar en mi cabeza todo lo que había sucedido a lo largo de este día; caminaba sin ganas de seguir, sino que con el deseo de huir. Al cruzar la entrada del hotel, de nuevo me vi sumergida en aquella elegante atmósfera de un hall rodeado por las majestuosas columnas de mármol. Sommer estaba sentado en uno de los aterciopelados sofás junto a su novia y a una chica rubia de pelo liso y ojos rasgados. Se notaba un ambiente de tensión entre ellos. La rubia hablaba llorando, intentando transmitir su preocupación al nórdico, mientras él miraba al suelo casi sin pestañear, y la hermana de Marta, parada enfrente a ellos, intentaba contener la rabia que se podía sentir a metros de distancia.

“Caminaba sin ganas de seguir, sino que con el deseo de huir.”

No sabía qué estaba sucediendo entre ellos, pero decidí pasar desapercibida, sin entrometerme en aquella reunión en la que mi presencia no tenía cabida. En ese momento me arrepentí por haber metido a Sommer en mis con Alex problemas, pero ya no había vuelta atrás, lo necesitaba para localizar aquella llave que le entregué. Intentando arreglar las cosas, las compliqué aún más.

Subí a la habitación y nada más entrar, escuché la voz de mi mejor amiga.

— ¡¿Dónde te habías metido?! ¡Llevo horas intentando localizarte! — Marta se levantó de la cama y me miró con la cara de una profesora enfadada.

— Estaba dando un paseo, necesitaba despejar la mente… — contesté yo de forma automática, ocultando la verdad. Quería confesarlo todo para quitar ese peso que tenía en el pecho, pero la promesa a Alex de guardar su secreto pesaba más.

— ¿Alguna noticia sobre tu prometido? — la pregunta sonó de una forma tan comprometida e indiferente, que esas ganas de abrir mi corazón desaparecieron de un solo golpe.

— Nada nuevo, — dije yo, sentándome en la silla junto al escritorio, observando una botella azul oscuro con manchas blanquecinas, que parecía haber estado enterrada durante años bajo tierra, puesta en la mesa.

— Lo ha traído Regina, — dijo Marta percatándose de mi interés por el objeto, — Leclerc Briant Abyss, este champagne ha estado un año sumergido en las aguas del océano Atlántico, por eso tiene este aspecto. Pruébalo, sabe a mar, — continúo acercándose a la botella que parecía decorada por la propia naturaleza, que había dibujado en ella sus criaturas acuáticas. — Parece que tu amigo ha tenido una sorpresa, — concluyó ella, echándome en una copa la burbujeante bebida.

— ¿A qué te refieres? — contesté sin entender el qué quería decir con eso y de qué amigo me estaba hablando.

— Ha aparecido su ex… Mi hermana está que no sabe qué hacer…

— ¿La ex de Sommer? — pregunté yo sin terminar de asimilar esa información que aparentemente no me tenía que preocupar, pero que por ciertos motivos me alteraba más de lo que debía. — ¿Pero cómo ha sabido ella que él está aquí?

— Se lo dijo su hermana… la hermana de Sommer, — aclaró. — La ex, que resultaba estar en Madrid, ha venido con la noticia de que espera un hijo suyo, la muy… — Marta me continuó explicando, tras percatarse de mi cara atónita, pues no entendía nada. — A ver, cuando Michael despertó sin memoria después del accidente, parecía que nadie le iba a contar la verdad, hasta que mi hermana escuchó una conversación entre su padre y la ex, — mi amiga se detuvo para tomar un trago de champagne que me echó hace unos instantes, y prosiguió, — pues resultó que esta ex, que en su día fue su novia, lo dejó por su padre hace unos años y está casada con él ahora, pero cuando pasó lo de accidente decidió hacer como si nada, y volver a esa relación… ¿Entiendes? Primero fue su novia, luego su madrastra y luego su novia…

Esta historia que parecería sacada de una telenovela me confundía, pero no me sorprendía; todo lo que estaba viviendo durante estos últimos días, me hacía comprender que las tramas de la vida son mucho más impresionantes que el guion de la más asombrarte película. 

“…todo lo que estaba viviendo durante estos últimos días, me hacía comprender que las tramas de la vida son mucho más impresionantes que el guion de la más asombrarte película.”

No le dije nada, le quité la copa de champagne y me la terminé de un solo trago. 

— Me voy a dormir, — murmullé, acostándome encima de la cama sin siquiera desvestirme y cerré los ojos abriéndolos ya con luz del día.

— Son casi las once, — dijo Marta, viendo cómo me despierto aturdida por el sol que me parecía tan inusual, pues me había iluminado la mente.

Sobresaltada, por la noticia de la hora, me levanté de la cama en cuestión de segundos, incluso sabiendo que mis planes no tenían un horario fijo determinado, entendía que me faltaba tiempo para culminarlos.

Miré el teléfono, encontrándolo apagado, como tantas otras veces, en el momento menos apropiado.

— ¿Sabes algo sobre tu hermana? — pregunté yo, concienciada con el estado de Marta, pues los asuntos familiares siempre se anteponen al resto. Es más, hoy agradecía que su atención se desviara para evitar preguntas a las que no le podía contestar.

— He estado con ella toda la noche… me imagino que no te has enterado de nada, te quedaste dormida enseguida, — me dijo echándose un vaso de agua.

Mi supuesto interés estaba totalmente vinculado al estado actual de Sommer que seguía teniendo la llave que Alex necesitaba hoy.

— ¿Y Michael? — dije yo, sabiendo que lo tenía ubicar lo antes posible. ¿En qué terminó la cosa? — añadí para disimular.

— Se fue, dejando a mi hermana y su ex solas, discutiendo en el hall.

— ¿Cómo que se fue?

— Es lo que me contó Regina. Que en un momento de la discusión se levantó y se fue.

— ¿A dónde?

— No sabemos. Hemos estado intentando localizarlo durante toda la noche; llamado a su hermana y a todos los contactos posibles, pero sin éxito.

Regresé la atención a mi móvil ya encendido y vi las notificaciones de los dos hombres que habían causado ese estado de indecisión y confusión en mí hace cinco meses. Sommer me había estado llamando a lo largo de toda noche en la que estaba desaparecido para el resto del mundo, lo que me hacía pensar que veía en mí la salida; mientras Alex necesitaba esa llave para abrirse la puerta al escape de toda esta situación que le podía costar la vida. Tenía que decidirme por una vía u otra. No podía seguir cambiando de parecer cada vez que mis ojos se cruzaran con los de Sommer o cuando Alex me sonriese.

Escribí un mensaje concretando el lugar y la hora a ambos para terminar de conseguir las respuestas a las preguntas que seguían en el aire. Me arreglé, saliendo hacia el punto de queda con la certeza de que esta vez no había vuelta atrás, que ningún viento se llevaría las palabras que tenía que decir.

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